Mi historia
La literatura como bálsamo
Me he aprovechado de la literatura en todas las etapas de mi vida: cuando mi bisabuela me leía cuentos, cuando mi madre escribía poemas y yo ganaba todos los concursos de la escuela (esto prescribió, espero), para sobrellevar el desamor, por aburrimiento y hasta para salvarme de mis propias sombras.
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Nuestra Obra
Sumérgete en un mundo lleno de historias cautivadoras y reflexiones. Explora cómo Coserles las alas a la libélula ha impactado a nuestros lectores.
¿te cuento más sobre el proceso?

Comencé este poemario hace casi cuatro años. En una época de plena creatividad. Lo idealicé publicado: portada, contraportada, cada una de las páginas. Invertí cientos de horas en él. Y lo guardaba como tesoro para “el gran día”.
Sí, una fecha me cambió la vida. Pero el libro siguió en el cajón.
Había emigrado.
Se descontrolaron las manecillas del reloj. Y no sé si en la literatura también se cumple esa popular regla que afirma que los perros y los gatos se parecen a sus dueños, adquieren su personalidad—viene a mi mente la señora de mi edificio que lleva corte de pelo a juego con su yorkshire— pero vuelvo al tema, emigrar lo transformó todo, hasta mi forma de escribir el mundo.
El manuscrito había dejado su función de anhelo omnipresente y pasó a ser hijo del desahogo. Ya no tecleaba pensando en el gran día. Poco a poco lo usé como cristal para mi cúpula.